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Una caminata a Rusia

Joven inmigrante Saida Sadat gana Premio Literario

Publicado: lunes, 28 septiembre 2009, 7:14

Saida Sadat fue presentada con el Premio a Escritores Jóvenes en la Ceremonia Anual de Premio Literario en la Isla, dicho evento se llevó a cabo en el Centro de Artes de la Confederación el 19 de septiembre de 2009. Su historia Una caminata a Rusia es una historia autobiográfica de la cercana deportación  de su familia y de la fuga de Kazajstán a Rusia hace seis años.

Saida Sadat celebración de su premio
"Mi día más feliz fue el 20 de noviembre de 2007, cuando llegamos a Canadá. Era más fácil nuestro viaje. Estamos muy contentos de vivir en un país seguro y pacífico ", Saida recuerda la celebración de su recompensa.

Saida es una refugiada de Afganistán, que ahora vive feliz en  Charlottetown con sus padres y 4 hermanos. En mayo de 2003 Saida, su padre, su madre en estado de gestación y hermanos, en ese entonces, entre cinco y diez años, tuvieron que hacer una arriesgada huida a Rusia con el temor de que serían deportados o encarcelados en Kazajstán, al igual que muchas personas desplazadas por la guerra en Afganistán a quienes se les ha negado el asilo en países vecinos.

Ellos partieron en medio de la noche con muy poca comida, agua y posesiones y caminaron descalzos toda la noche por el bosque, simplemente guiados por sus instintos. Debido a que la frontera estaba vigilada por soldados armados, cuya misión era detener a los inmigrantes ilegales, la familia caminó sobre un empinado terraplén para mantenerse fuera de vista. Después de que su embarazada madre tropezó varias veces y, finalmente, se cayó del terraplén decidieron seguir un camino en el que era mas fácil trasladarse aún cuando era menos oculto. Su padre fue a la vanguardia con el menor de sus hijos izado en sus hombros, quien era demasiado pequeño para caminar la distancia por sí mismo. Saida y su hermana estaban flanqueadas por su madre y hermano mayor quienes mantenían un ojo vigilante en cada lado. Saida recuerda: "Fue el momento más terrible de mi vida, yo y mi hermana mayor caminábamos muy juntas temerosas de nuestras vidas" Al amanecer, desgreñada y agotada, la familia llegó a un pueblo en Rusia, donde un oficial de policía pidió ver la identificación a su padre, quien no la tenía. Su hermano menor, de sólo cinco años en ese entonces, saltó sobre el oficial de policía llorando y pidiendo por que liberaran a su padre. Sintiédose mal por la valentía de este niño, el agente lo dejó ir con una advertencia. Más tarde, ese mismo día, su madre vendió su anillo de bodas para  pagar por un lugar donde pasar la noche, una hogaza de pan y té. Su padre vendió su teléfono celular lo cual le dio el dinero suficiente para comprar un boleto a Moscú, donde había un trabajo esperando por él. Ante el temor de que si dejaba a su familia, corría el riesgo de no volverlos a ver decidió levar a su familia en el tren con un solo boleto. Por algún milagro, el Operador de tren se hizo el de la vista gorda y permitió que la familia viajara de forma segura hasta Moscú con un solo boleto, donde permanecieron durante cuatro difíciles años hasta que fueron aceptados para entrar a Canadá como refugiados.