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Una Vida Mejor

La creciente comunidad butanesa en PEI ve el porvenir de prosperidad y felicidad en la Isla

Publicado: jueves, 19 agosto 2010, 7:06

Por: JIM DAY
The Guardian, 13 de agosto del 2010

Algunos de los aproximadamente 80 butaneses que han salido de un campamento de refugiados en Nepal durante los últimos cuatro años para comenzar una nueva vida en la Isla del Príncipe Eduardo posaron para una foto de grupo en Charlottetown a principios de esta semana.
Foto tomada por Jim Day, The Guardian

Madan Giri recuerda con escalofríos su vida en la Isla del Príncipe Eduardo cuando llegó el 29 de diciembre del 2006 después de pasar 15 años en un campamento de refugiados en el estado surasiático de Nepal.

"Hacía un frío terrible", dijo Giri de su bajada del avión habiendo un riguroso y vigoroso aire frío que azotaba alrededor del Aeropuerto de Charlottetown en un día tremendamente invernal en la provincia. Sin embargo, la bienvenida recibida por Giri, sus padres y sus cuatro hermanos fue de un cálido y confortable abrazo.

La familia de siete miembros fue tomada bajo el ala cariñosa de la iglesia de San Francisco de Asís, que patrocinó a los refugiados butaneses para que vinieran a vivir en PEI. Un miembro de la iglesia siempre estaba listo para asistir a uno o más de los refugiados, ya sea para ayudarlos en la compra de comestibles o para la transportación (para visitar) al médico.

"No nos sentíamos solos porque estábamos patrocinados por la iglesia", dijo Giri. Hoy, él tiene la esperanza de ver que la creciente comunidad butanesa en PEI continue expandiéndose hasta lograr plena independencia, hablar inglés sin tanto esfuerzo, obtener empleos remunerados y encajar cómodamente en el mosaico cultural de la provincia. "Nos gustaría aportar algo a la Isla - ayudar a la gente necesitada, como fuimos ayudados nosotros", dijo Giri."Nos gustaría ser ciudadanos productivos de esta nación ".

Craig Mackie, director ejecutivo de la Asociación de PEI para Recién Llegados a Canadá (PEI ANC), dice que hay tres componentes esenciales para el éxito de los recién llegados como los 80 y tantos butaneses que han llegado a la Isla en los últimos cuatro años. El dominio del (idioma) inglés es un punto crucial de partida. Conseguir un trabajo o abrir un negocio es otro paso clave. La inclusión social fuera de su propia comunidad butanesa también es clave para que personas como Giri prosperen en PEI, concluye Mackie.

Madan Giri, quien pasó la mitad de su vida en un campamento de refugiados en Nepal, considera que la comunidad butanesa prosperará en la Isla del Príncipe Eduardo.
Foto tomada por Jim Day, The Guardian

Giri y sus hermanos son indicadores prometedores de que un futuro más brillante les espera a muchos de los más de 100,000 nepaleses étnicos - una minoría hindú durante siglos en Bután que fue forzada a abandonar el país a principio de los 90s por las autoridades que quisieron imponer la cultura Budista dominante en el país. Desde entonces, ellos han vivido como refugiados en uno de los siete campamentos organizados por las Naciones Unidas en Nepal, a unos 500 kilómetros al este de la capital Katmandú.

Mientras que la familia de Giri llegó a PEI a través del patrocinio de (la iglesia de) San Francisco de Asís, otros 70 y tantos butaneses han llegado desde 2009, incluyendo 18 que aterrizaron en Charlottetown el 27 de julio de este año, a través de un programa de reasentamiento del gobierno federal.

Giri, quien pasó 15 años en un campo de refugiados en Nepal, dice que su vida está mejor desde su llegada a Canadá, y alberga el porvenir de una prosperidad aún mayor adelante. Aunque había suficiente comida para pasarla en el campamento, faltaba la atención médica, lo que traía como resultado la muerte de muchas personas. Afortunadamente, ninguno de los miembros de la familia de Giri pereció. Giri se ausentó del campamento el tiempo suficiente para obtener un título de Licenciatura en Matemáticas (Bachelor in Mathematics); luego regresó para enseñar a los estudiantes de secundaria (high school) en el campamento de refugiados. Él ha estado trabajando como portero del Edificio Shaw (Building) en Charlottetown durante los últimos tres años, pero está dispuesto a hacer lo que sea necesario para algún día enseñar en PEI.

"Soy maestro capacitado, pero mi certificado no es reconocido aquí", dijo. Su hermana mayor, Deo, ha estado trabajando en un restaurante de comida rápida durante dos años. Sus otras hermanas - Tika y Sarada - tienen ambas previsto tomar el programa de enfermería en la UPEI. Sus padres, mientras tanto, siguen batallando para aprender Inglés en el Holland College. El padre de Giri, Kul, solía ser un vendedor de chatarra en Bután y más tarde se hizo carpintero - oficio que espera practicar algún día de nuevo en PEI. "Creo que estamos progresando", dijo Giri. "Estamos tratando de ser independientes".

Él dice que bajo la religión hindú, sus padres esperarán hasta que Giri sea verdaderamente independiente antes de escogerle su compañera para la vida. "Enamorarse y tener novia, no hacemos ese tipo de cosas," dijo. También, como hindú, Giri ora en un templo, no en una iglesia. Sin embargo, aunque había un templo en el campamento de refugiados en Nepal, la comunidad butanesa necesita crecer y prosperar antes de que puedan construir un templo propio aquí. En raras ocasiones - una o dos veces al año - Giri se ha reunido con sus prójimos seguidores hindues en un edificio que alquilan para que les sirva como templo provisional. Mientras que él mantiene su fe hindú, Giri agradece la exposición a una cultura canadiense que él describe ser mucho más abierta que la de Bután. En Nepal, por ejemplo, Giri no podía hablar con la esposa de un hombre sin el permiso de ese hombre. "Todo el mundo es amistoso [en PEI]", él dijo. " Todo el mundo dice hola."

Melissa Coffin, trabajadora del Programa de Habilidades para la Vida Canadiense de la PEI ANC, aprecia lo bien que los butaneses han adoptado la cultura canadiense mientras que todavia mantienen la suya propia. También alaba su capacidad de unión para superar barreras. "Ellos son muy fuertes", dijo Coffin. "Para ellos, un desafío no se mantiene como un reto por mucho tiempo."

La vida en un campamento de refugiados será pronto un recuerdo desvanecido para Bhawana Basnet, de cuatro años (de edad), quien llegó a PEI con su familia a finales de julio.
Foto tomada por Jim Day, The Guardian

Chandra Chhetri, de 19 años (de edad), está encantada con el dramático cambio de vivir en un campamento de refugiados, donde ella ha pasado la mayor parte de su vida, a establecerse en un apartamento en Charlottetown en el 2009 con su madre y su hermano. Los Isleños, dice con entusiasmo, han tratado a su familia tan bién. "Me gusta todo lo de PEI", ella dijo. "Todo el mundo es tan servicial".

Tek Bahadur Basnet estaba entre los 18 de la fuerte familia butanesa que arribó al Aeropuerto de Charlottetown a finales de julio. Él, su esposa y los dos hijos de la pareja siguen viviendo en un motel tratando de asegurar un apartamento con el conocimiento de que Ottawa pagará por los gastos de vida de la familia, así como por las clases de inglés en su primer año aquí. La Asociación de PEI para Recién Llegados a Canadá ayudará en la búsqueda de alojamiento, en obtener la documentación que necesitan y en adaptarse a las muchas cosas nuevas que encontrarán en Canadá. Para la familia de Basnet, la asistencia es claramente vista como una ayuda (para salir adelante), no como una caridad. Basnet pensó que, estando en un campo de refugiados, podría hacer poco para mejorar el destino de su familia. Aquí, él ve grandes posibilidades. Él tiene la esperanza de un día enseñar en PEI como lo hizo en el campamento. Si no, simplemente encontrará alguna otra cosa. "Nuestra vida mejorará", prometió.